Hoy, unos 20 años después, el negocio casi toca fondo, y malvive en parte, gracias a una clientela fija que se resiste a abandonar “su cine”. La caída del negocio, se debe entre otras cosas a que la novedad que había por todo lo relacionado con el sexo en España hace años que ya acabó. Además, hoy existe gran facilidad para poder ver material pornográfico sin moverte de tu casa, gracias a Internet.
Actualmente en Madrid sólo trabajan tres de esas salas: el cine Postas, el Alba, y el Cervantes.
El Alba está situado en el número 4 de la calle
Duque de Alba, junto a Tirso de Molina. Su entrada, la verdad no llama demasiado la atención por su atractivo, más bien todo lo contrario, ya que es en un pasadizo algo lóbrego, que no invita a adentrarte en él. A ambos lados del pasillo podrás consultar la programación, y lo primero que llama la atención es que esté hecha a mano. Esto es así porque según la Ley 1/1982, la publicidad en estas películas sólo podrá usar los datos de la ficha técnica y artística, con exclusión de toda representación icónica o referencia argumental. Por ello, los cines deben confeccionar sus propios carteles, siendo el resultado más que discutible.

El segundo superviviente es el Cervantes, situado en el 39 de la Corredera Baja de San Pablo, cerca de la Plaza de San Ildefonso. Aquí te encuentras con la típica entrada de cine, eso sí, de hace 20 ó 30 años, ya que las reformas, al menos en el exterior no se recuerdan desde hace mucho tiempo.
Quizás el más atractivo para el posible cliente en lo que a la entrada se refiere, sea el cine Postas, situado en el número 9 de esa misma calle, a pocos metros de la Plaza Mayor. Tras las últimas reformas, tiene un aspecto algo más moderno. Además, aprovechando al máximo el espacio, han convertido su antigua taquilla en tienda de recuerdos para guiris.

En estas salas hay doble sesión continua de 10 de la mañana a 10 de la noche, y conservan un público variado, en el que destacan personas ya talluditas, jóvenes que disfrutan compartiendo su placer con desconocidos, y parejas con ganas de experimentar sensaciones nuevas, sin olvidarnos de las tradicionales pajilleras.
De todos los cines ya desaparecidos quizás el más mítico fue el Carretas, a sólo unos metros de la Puerta del Sol. Desde su fundación, pajilleras y homosexuales ocuparon sus localidades, y como homenaje, Sabina en 1984 escribió Juana la loca (se llamaba Ramón):
Después de toda una vida de oficina y disimulo,
después de toda una vida sin poder mover el culo,
después de toda una vida viendo a la gente decente
burlarse de los que buscan amor a contra corriente.
Después de toda una vida sin un triste devaneo,
coleccionando miradas en el desván del deseo,
de pronto un día pasaste de pensar que pensarían
si lo supieran tu mujer, tus hijos, tu portera,
y te fuiste a la calle con tacones y bolso
y Felipe el Hermoso por el talle.
Desde que te pintas la boca
en vez de Don Juan te llamamos Juana la loca.
Después de toda una vida sublimando los instintos ,
tomando gato por liebre; negando que eres distinto,
después de toda una vida poniendo diques al mar,
trabajador intachable, esposo y padre ejemplar.
Después de toda una vida sin poder sacar las plumas,
soñando cuerpos desnudos entre sábanas de espuma,
de pronto un día pasaste de pensar que pensarían
cuando supieran tu mujer, tus hijos, tu portera,
que en el cine Carretas una mano de hombre
cada noche bucea en tu bragueta.
Desde que te pintas la boca
en vez de Don Juan te llamamos Juana la loca.
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