poder tocarlos tampoco debes ser un genio de la música, ya que sólo se necesita girar una manivela que activa un mecanismo para que las cuerdas de piano que hay en su interior comiencen a sonar.
Debido a su facilidad de manejo, en su momento fue muy popular, siendo el instrumento estrella de las verbenas de Madrid. Hoy ha quedado en el olvido, aunque en el número 7 de la Carrera de San Francisco aún se pueden disfrutar de varias de esas piezas únicas, construidas algunas hace más de un siglo.
Hoy es complicado disfrutar de sus inconfundibles melodías por
las calles de Madrid, ya que apenas quedan organilleros dándole vueltas a la manivela, a no ser que sea por las castizas Fiestas de San Isidro o las de la la Paloma. De vez en cuando puedes disfrutar de su compañia los domingos en el Rastro, o los fines de semana por Preciados. En ambos casos es una organillera la que nos obsequia con sus chotis y pasodobles.
Sólo le pondría un pero a esta situación, y es que la mujer tiene ya sus años, y siempre que la veo me da por pensar que si está en la calle con su organillo será porque seguramente le hará falta para poder seguir adelante. Espero que esto no sea así, y simplemente salgapara hacernos disfrutar con su música, y hacernos recordar otros tiempos.


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