Casada en 1868, por intereses políticos de la Corona, con su primo Cayetano de Borbón tuvo un desgraciado matrimonio. Para empezar, durante su viaje de bodas se produjo el derrocamiento de Isabel II por lo que no pudieron volver a España, y después enviudó con sólo 20 años tras suicidarse su marido de un tiro. Con la restauración se produce su regreso junto a su hermano el Rey Alfonso XII en 1875.
Dos veces heredera al trono, ella que fue nieta, hija, hermana y tía de reyes, tuvo en el pueblo llano a su gran aliado. Aficionada a mezclarse con él, era asidua de los toros y las verbenas, por lo que los periódicos de la época la denominaban la «manola de sangre azul». Este fue el motivo de que ella fuera la única persona de la Casa Real a la que no se invitó a abandonar el país cuando se proclamó la II República. A pesar del detalle se fue al exilio con el resto de la familia, y cinco días después de abandonar España murió en un convento de Auteuil, cerca de París.
Enterrada en Francia, sus restos fueron depositados en la Capilla del Palacio Real de La Granja en 1991. De ella queda como recuerdo un conjunto escultórico en el Paseo del Pintor Rosales a la altura de la calle Quintana donde vivió.
Por otro lado los orígenes del actual Hospital de La Princesa también están relacionados con ella. Tras su nacimiento, cuando iba a ser llevada para hacer la ofrenda a la Virgen de Atocha, su madre sufrió un atentado. Tras recuperarse, la Reina expresó su deseo de que se construyera un hospital que llevaría el nombre de “Princesa” en honor a su hija.
Hoy nos podemos encontrar a la Chata en la Cava Baja, eso sí no te preocupes porque por suerte no te juntarás con nadie de la realeza. Me refiero a de una de las tascas más típicas y castizas de Madrid, decorada con azulejos y fotografías representativas de la vida madrileña de antaño.
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